Plena inclusión tiene un proyecto
que se llama transformación de servicios.
La idea es que los servicios escuchen más
a las personas con discapacidad y sus familias.

Las personas profesionales de este proyecto van a cursos.
En los cursos hacen un ejercicio con una postal.
En la postal escriben:
– Qué sueño tiene una persona con discapacidad
a la que apoyan.
– Cómo le van a ayudar a conseguir ese sueño.
Es un compromiso que se ponen.

Algunos sueños son:
– Elegir lo que desayuno.
– Poder acostarme a la hora que quiera.
– Que sepan entenderme mejor.
– Que me dejen tomar decisiones.
– Tener pareja, vivir con ella.
– Vivir con más tranquilidad.

Las personas profesionales reciben
su propia postal en su casa
6 meses después del curso.

Así recuerdan su compromiso.
Y pueden preguntarse:
¿En estos 6 meses he cumplido mi compromiso?

Piensa en una persona con discapacidad de tu centro o de tu organización. Una persona a menudo invisible, con la que creas que lo estás haciendo mal. Imagina cómo quiere ella, no tú, que sea su vida dentro de 5 años. Escríbelo en una postal.

Esta es la primera pregunta que se lanza en los talleres de transformación de Plena inclusión.

Estos son algunos de los sueños que salen:

Quiero dejar de comer queso. Poder acostarme a la hora que quiera. Elegir lo que desayuno. Que sepan entenderme mejor. Que me dejen tomar decisiones. Tener pareja, vivir con ella. Vivir con más tranquilidad.

Hay otra pregunta al final del taller: ¿qué vas a aportar tú para que esa persona se acerque a ese sueño? Las y los profesionales apuntan en la postal compromisos desde “observarte cada día 15 minutos” a “contactar con tu familia”.

Centrar el servicio en la persona y su familia

Los sueños de las personas con discapacidad intelectual, a veces personas con grandes necesidades de apoyo, pueden ser tan sencillos como elegir lo que comen. Sin embargo, a menudo parecen distantes.

Sofía Reyes trabaja en Plena inclusión y es una de las responsables del proyecto. Ella explica así por qué ocurre esto: “La gestión del servicio a veces se centra no tanto en las personas, sino en las necesidades del propio servicio”.

Por ejemplo, el horario se establece “según las necesidades del personal” sin pensar tanto en las personas con discapacidad o sus familias o las actividades o las comidas las deciden las personas profesionales sin consultarles a las personas con discapacidad.

A veces sus necesidades y sus sueños son más difíciles de conseguir. Así, quizá el sueño de esa persona sea vivir en Galicia y sea complicado lograrlo. Y, en lugar de eso, la organización puede apoyarle para ir a un restaurante gallego una vez al mes, decorar su habitación con fotos de los paisajes de esa tierra o lograr que sus vacaciones las disfrute allí.

En las formaciones, se anima a las personas participantes a escribir en una postal las respuestas a estas dos preguntas. Seis meses de la formación, reciben su propia postal.

“Se trata de una forma en la que las personas pueden autoevaluar si han acompañado a la persona a conseguir sus metas”, explica Sofía Reyes.

El proyecto de Transformación

El movimiento asociativo Plena inclusión lleva años dedicado al proyecto de transformación de sus servicios hacia la calidad de vida.

El proyecto consiste en alimentar y promover la voluntad y la acción de los servicios de apoyo a personas con discapacidad intelectual y del desarrollo y a familias que voluntariamente quieran iniciar un proceso de transformación.

La idea es convertirlos en Servicios Centrados en la Persona, y ofrecerles un entorno de red y de colaboración mutua, con apoyo y acompañamiento.

Hay proyectos de transformación en atención temprana, educación, centros ocupacionales, ocio inclusivo, apoyo a familias, residencias o viviendas tuteladas, entre otros muchos campos.

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